Patrimonio Industrial Vasco

Eibar

 

La conocida como «villa armera» se encuentra en el valle del río Ego, un espacio estrecho y de fuertes pendientes. La necesidad de ganar espacio en esta complicada orografía ha dotado a este municipio de una peculiar fisonomía urbana, claramente identificable. El propio cauce del río terminó por ser cubierto para implantar viviendas, talleres e industrias, facilitando solares allí donde no los había. Reconstruida prácticamente en su totalidad tras ser bombardeada durante la guerra civil española, Eibar se caracteriza por la proliferación de pequeños talleres en altura, que conviven con fábricas de mayor tamaño en una trama densa y compacta. Un amplio panorama de arquitecturas que acogen industrias dedicadas a la producción de los más diversos bienes de consumo (bicicletas, máquinas de coser, pequeño electrodoméstico, objetos de escritorio…).

Txonta: Un tejido industrial muy singular

Aunque hoy parezca increíble, a principios del siglo XX Txonta era un barrio rural, con sólo algunas casas aisladas, atravesado por un pequeño arroyo, que es el que le da nombre. En sus orillas existían unos pocos ingenios que aprovechaban el desnivel de la regata para generar la fuerza necesaria en la molienda. Junto a ellos se construirían otras instalaciones hidráulicas más modernas, que aprovechaban la fuerza del agua no ya para moler, sino para generar energía eléctrica.

De todo ello, caseríos, molinos y centrales, hoy sólo queda la central eléctrica de la empresa Gárate, Anitua y Compañía – GAC, que producía electricidad para la emblemática fábrica de bicicletas que la firma crearía en 1925. Con el paso del tiempo, las ordenanzas municipales permitieron construir en Txonta y cubrir su regata, y el barrio se llenó de nuevas construcciones de hormigón armado, distribuidas en plantas para aprovechar al máximo el escaso suelo disponible. En la década de 1970 la zona estaba tan densamente construida, tan llena de fábricas, talleres y casas, que resultaba imposible ocupar el más mínimo espacio de suelo. De hecho, para construir los pilares de la autopista –la famosa V de Txonta– la empresa Ferrovial hubo de ensayar una técnica nueva que permitiera construirlos en vertical, ocupando la menor superficie posible, y luego separarlos en su parte superior, hasta alcanzar la apertura necesaria para sostener el tablero del viaducto.