Dado su indudable valor patrimonial, en el año 2002 fue declarado monumento.

El trabajo del barro

Integrado en una nueva urbanización, este horno se construyó a mediados del siglo XIX y se mantuvo activo hasta principios del pasado siglo XX. Es el único ejemplar de horno alfarero que se ha conservado en Gipuzkoa, a pesar de que esta actividad estuvo también muy presente en municipios como Aretxabaleta, Azkoitia, Oñati, Tolosa, Zegama… Tras llevar a cabo su estudio arqueológico y rehabilitación, en la actualidad es el museo Ibarraundi, dedicado al trabajo de la alfarería.

El horno está compuesto de una parrilla, una cámara de combustión (donde todavía se ven restos de vitrificación de color blanco) y una cámara de cocción con dos puntos de carga y descarga.